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El desempeño del equipo depende de sus emociones Imprimir Correo electrónico
Lunes 29 de Julio de 2019

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Es esencial para el desempeño del equipo cambiar emociones derrotistas y catastróficas por otras de esperanza creativa y colaborativa.

Un 12 de noviembre de 2002, partimos con Ernesto Olivares, Eugenio Kiko Guzmán y Pablo Gutiérrez, a realizar una travesía a la Antártica para recorrer 400 kilómetros por la inexplorada vertiente este de los montes Ellsworth en el corazón de Antártica, solos y sin soporte externo. Un plan de 54 días para cruzar nueve pasos de montañas, recorrer 17 glaciares y escalar el monte Segers.

Sería la exploración de un territorio desconocido, que comienza en la sección norte de la cordillera Centinela, en el glaciar Newcomer. Después de tres días, llegamos a la cordillera Heritage, la cual recorrimos en su totalidad e ingresamos a un tramo que presenta menos accidentes geográficos, pero el problema es el constante y frío viento proveniente del polo sur, al que fuimos expuestos permanentemente.

Luego de cumplirse una semana de nuestra travesía, vemos que al final del valle, emerge un cordón de montañas que cierra el paso y nos queda la duda si podremos pasar. Hasta aquí, no teníamos mayores dificultades… todo iba bien.

Sin embargo, luego que exploramos dicho cordón montañoso, regresamos al campamento, derrotados y abatidos. ¡No hay salida! Dijimos.

Por supuesto, hicimos mucho esfuerzo por encontrar alguna salida y descubrimos un portezuelo entre las cumbres, pero que lamentablemente, llega a una pared de hielo que cae verticalmente seiscientos metros al próximo valle.

¿Qué hacemos ahora?

Luego de discutirlo mucho, tratábamos de ver posibilidades para salir con vida, y descubrimos que no había nada racional que nos permitiera lograrlo.

En medio de la peor sensación y al borde de pensar en la muerte, Ernesto Olivares comenta: “Estoy muy agradecido por la invitación y los glaciares son como un pie de limón, lo más lindo que hay”.

Parecía un comentario irónico, paradójico en ese contexto, sin embargo, nos transmitió una nueva emocionalidad al equipo.

Posterior a esto, paulatinamente, van surgiendo opciones, considerando el uso de cuerdas, descolgarse, hacer terrazas con las palas, y otras que hace un rato atrás no veíamos.

¿Valdrá la pena intentarlo?

Veinticuatro horas más tarde de continuo trabajo, en equipo logramos atravesar y abrirnos camino por donde no había salida y estábamos a salvo en el siguiente valle.

Aún quedaban trescientos cincuenta kilómetros de recorrido, pero decidimos descansar todo un día para recuperarnos, dormimos 12 horas con la sensación de logro compartido, listos para que desde ahí nada nos detuviera.

Hoy, luego de recordar esa experiencia límite, me vuelvo a preguntar ¿Qué nos permitió salir vivos?, ¿qué fue lo determinante en el cambio de dinámica del equipo?, ¿de quiénes dependió dicho cambio?,¿qué nos habría ocurrido si no pasamos de la emoción de derrota a la de esperanza?

Hoy vemos en muchos ámbitos de las relaciones humanas e institucionales, que la percepción del futuro se tiñe completamente por la emoción derrotista o catastrofista. Cambiar esta emoción por otra de esperanza creativa y colaborativa es esencial, es la llave maestra que muchas veces nos salva la vida.

Por Rodrigo Jordán - Presidente de la Fundación de Superación de la Pobreza y vicepresidente Ejecutivo y socio del Grupo Vertical S.A.

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