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Lo revolucionario no es la tecnología, sino como nos permite transformarnos Imprimir Correo electrónico
Lunes 03 de Septiembre de 2018

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La mera incorporación de tecnología no sirve para hacer crecer a una empresa. Para aumentar la productividad, por ejemplo, se requiere desarrollar nuevos modelos de negocios y procesos productivos. “Si no está roto, para qué arreglarlo”, “Nunca nadie ha sido despedido por comprar un IBM”, y “Síndrome del No Inventado Aquí” son algunas de las trampas que atentan contra la transformación tecnológica.

La cuarta revolución industrial está aquí

Hoy estamos insertos dentro de la cuarta revolución industrial, con nuevas tecnologías que están cambiando la economía mundial: big data, inteligencia artificial, internet de las cosas (IoT), blockchain, cloud computing, impresoras 3D y 4D, robots, drones y vehículos autónomos, Crispr y técnicas de edición genética, entre otras.

Estas tecnologías tienen un potencial enorme para aumentar la productividad. Esto es importante para Chile, por cuanto contamos con un rezago importante a nivel de productividad en comparación con otros países de la OCDE, y esta no ha aumentado en los últimos 15 años.

El salto en productividad, sin embargo, no se da por la mera incorporación de tecnología, sino que es resultado de cómo los agentes económicos son capaces de implementar nuevos modelos de negocio y procesos productivos. En otras palabras, cómo a través de la tecnología logran transformarse.

¿Qué aprendimos de las primeras revoluciones industriales? La primera revolución industrial no fue la invención de la máquina de vapor o el uso de agua para mecanizar procesos productivos manuales. Lo revolucionario fue cómo estas tecnologías permitieron que naciera la fábrica y la división del trabajo como formas de organizarnos y coordinar nuestras actividades productivas.

A nivel productivo, la energía requerida para mover los engranajes mecánicos de la fábrica hizo que la producción fuera organizada en función de los requerimientos energéticos de cada proceso. Así, procesos más demandantes estaban más cerca de la fuente de poder.

Durante la segunda revolución industrial, aquella habilitada por tecnologías como la electricidad y el motor de combustión interna, muchas empresas decidieron cambiar las antiguas máquinas a vapor por motores eléctricos. Como la electricidad era entre un 20% y un 60% más barata que el carbón, inicialmente se beneficiaron con esta reducción de costos, pero esto no significó un aumento en la productividad. El problema es que las empresas no estaban pensando en cómo esta tecnología permitía reorganizar los procesos productivos.

El verdadero salto en productividad ocurrió cuando se innovó en los procesos que ocurrían al interior de la fábrica. En vez de un motor centralizado (como el de vapor), la electricidad permitía tener varios motores pequeños distribuidos. Estos motores habilitaron la creación de líneas de ensamblaje y la creación de partes y piezas intercambiables. ¡Parece obvio, pero hasta 1930 se debatía en la literatura académica sobre la pertinencia de engranajes mecánicos!

Esto es lo que se conoce como “la trampa del statu quo” una de las distintas trampas organizacionales que impiden que veamos el potencial transformador de la tecnología.

La revolución de la colaboración

Lo novedoso de esta cuarta revolución industrial es que las tecnologías están posibilitando una colaboración inédita entre humanos y máquinas. Esta colaboración, más que dejarnos obsoletos, permite extender nuestras capacidades humanas. La inteligencia artificial, por ejemplo, puede aumentar nuestras capacidades cognitivas, liberarnos de tareas rutinarias. La robótica permite extender nuestras capacidades físicas, y está revolucionando tanto la manufactura como la logística.

Esta nueva capacidad de colaboración también transforma cómo las empresas se organizan y dividen el trabajo. Por ejemplo, recientemente se anunció la decodificación del genoma del trigo: trabajaron más de 200 científicos pertenecientes a 73 instituciones científicas que durante 13 años analizaron más de 100.000 genes.

Modelos de negocio como los Uber o Airbnb ya no requieren de activos físicos para brindar sus servicios: basta con posibilitar la interacción entre personas a través de una plataforma.

Implicancias en la estrategia de negocios

Esta cuarta revolución difiere de las anteriores en cuanto a la velocidad de la propagación de las tecnologías, así como en su profundidad. Los medios digitales ya existentes, la facilidad de difusión, capacidad de procesamiento, etc. nos obliga a que la preparación y rapidez con que deban actuar las empresas sea mucho mayor.

Muchas de las tecnologías que habilitan esta cuarta revolución están en su infancia. La pregunta estratégica es si conviene adoptar estas tecnologías ahora, o esperar a que estén más claras su utilidad y conveniencia.

Cuando se trata de estrategia de tecnología, la decisión sobre si liderar o ser segundos depende de los retornos a escala del negocio. Los retornos a escala implican que la rentabilidad de la empresa aumenta en forma desproporcionada a su base de clientes. Esto es típico de cuando hay presencias de economías de red, como las plataformas.

El valor para un cliente de pertenecer a esa red aumenta en función de cuántos otros hagan la misma elección. Además, mientras más clientes usan esa red se generan costos de salida— es decir, el costo de cambiar de un producto a otro.

Ser primero también conviene cuando esto nos permite conseguir acceso a recursos escasos, como lo puede ser la propiedad intelectual o activos complementarios especializados. Cuando se trata de modelos de negocio basados en datos, también conviene ser primero por cuanto mientras más datos tengo, puedo hacer mejores predicciones, y esto a su vez me permite atraer a más clientes. Esta ventaja tecnológica puede ser clave para mantener la distancia sobre seguidores.

El total aprovechamiento de las tecnologías y su potencial de impacto en el crecimiento económico requiere transitar desde una lógica de informatización a una de transformación digital, entendiendo esta como un sistema-proceso complejo en cuanto a los temas a abordar y los actores involucrados. Solo así nuestra economía podrá aprovechar todos los beneficios que trae con sí la tecnología.

Cuatro trampas que impiden la transformación tecnológica

1. Trampas de competencia: El rendimiento favorable con un procedimiento inferior lleva a esa organización a acumular más experiencia con ese procedimiento, impidiendo así que explore, evalúe o incorpore procesos que pueden ser superiores. El famoso dicho “si no está roto, para qué arreglarlo” es una fuente de inercia organizacional que impide a las empresas se cuestionen sus procedimientos a la luz de nuevas tecnologías.

2. Trampas tecnológicas: Tendemos a favorecer tecnologías que nos son familiares, o que están maduras y hay una tendencia a buscar soluciones tecnológicas cerca de las ya existentes. Cuando IBM lanzó el primer computador personal en 1981, este fue un éxito instantáneo, no por su tecnología —que no era tan avanzada— sino por la frase que repetían los compradores de tecnología de las empresas: “Nunca nadie ha sido despedido por comprar un IBM”. La falta de “trayectoria” hace que muchas empresas ignoren a startups tecnológicas que sí tienen productos avanzados y competitivos que ofrecer.

3. Trampas organizacionales: Tenemos una tendencia a pasar por alto tiempos distantes, lugares lejanos y también los errores que cometemos. Airbnb, por ejemplo, estuvo por mucho tiempo bajo el radar de los principales ejecutivos de la industria hotelera. En 2014, por ejemplo, el director de operaciones del Hospitality Ventures Management Group que administra varios hoteles de alta gama como Marriott o Hilton dijo en una entrevista “No hemos visto un efecto directo [de Airbnb] en ninguno de nuestros hoteles (...) No creemos que tenga algún impacto en nuestros resultados o que haya llegado a nuestro radar hasta el momento”. Airbnb actualmente tiene más de 5 millones de propiedades para arrendar, en 191 países y más de 300 millones de huéspedes. Difícil que ya no esté en el radar.

4. Trampas de culturales: Mientras más exitosa es una organización, más difícil le será cambiar o adoptar tecnologías que puedan ser inventadas por otros. Esto es lo que se conoce como el “Síndrome del No Inventado Aquí”. La NASA, por ejemplo, tuvo problemas cuando implementó un modelo de innovación abierta. Uno de los desafíos que lanzó fue un concurso para desarrollar un algoritmo para predecir erupciones solares. Este tipo de eventos puede afectar satélites y otros equipos de radio, así como poner en riesgo la salud de la tripulación.

Después de décadas de desarrollo, la NASA tenía una tecnología capaz de anticipar una erupción con una o dos horas, pero necesitaba aumentar la capacidad de predicción de 4 a 24 horas, con un 50% de precisión.

En la NASA trabajan probablemente los mejores científicos de EE.UU., pero no fueron ellos quienes dieron con la solución, sino que un radio operador jubilado de New Hampshire que desarrolló un algoritmo capaz de alertar con ocho horas de anticipación y un 85% de precisión una erupción solar. Un orden de magnitud mejor a las capacidades predictivas de la NASA. Lo interesante del caso fue el frío recibimiento que tuvo esta solución dentro del equipo de la NASA, quienes se sintieron amenazados en lo más profundo de su identidad al constatar que desde afuera se podían generar ideas mucho mejores a las que ellos tenían.

Por Julio Pertuzé - claseejecutiva.com

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