Empleando innovación Imprimir
Martes 26 de Abril de 2011

¿Innovan los empleados? Las empresas punteras lo tienen muy claro, y por ello, invierten recursos y esfuerzos en promover una cultura de empresa, en la que la participación activa de todos los trabajadores sea una realidad. Empezamos a tener claro que innovar no es patrimonio de unos cuantos científicos e investigadores académicos; afortunadamente, un fracasado escolar, como fue Henry Ford, puede innovar en cualquier actividad.

Relacionamos la innovación con las tecnologías, y olvidamos el componente creativo, aspecto necesario para el nacimiento de cualquier idea. Por ello, los equipos directivos, que tienen muy asumida la cultura de la excelencia en la empresa, a través de un estilo de liderazgo democrático, afiliativo y empático, crean un buen clima laboral con la intención de provocar la participación y el compromiso de todos los empleados.

Los colaboradores que pueden comunicar a los equipos directivos sus opiniones respecto al funcionamiento de la empresa (manejo y utilización de herramientas y máquinas, organización del trabajo, etc.), aportan muy buenas ideas, que nacen de la experiencia laboral y de la inteligencia natural.

La cultura de la “titulitis” está muy arraigada en la sociedad, en general, y en los equipos directivos de las empresas. El título, tiene importancia, no cabe duda, pero no es garantía de un conocimiento competitivo y rentable. ¿Qué rentabilidad genera un profesor, con muchos conocimientos teóricos, si no es capaz de transmitirlos a sus alumnos eficazmente? Recuerdo a un profesor de matemáticas, con aire de investigador, que presumía de suspender a casi todos los alumnos. Poco rendimiento aportaba este profesional de la enseñanza en la empresa en la que trabajaba (instituto de bachillerato). Ni su título, ni su plaza de funcionario era garantía de un rendimiento óptimo.

Empezamos a preocuparnos ante la pérdida de rentabilidad en nuestras empresas, y creemos que la innovación puede ayudarnos a superar tal situación. Si profundizamos en la intrahistoria de muchas empresas, públicas y privadas, y de todos los sectores productivos, nos percatamos que lo que realmente no funciona son los métodos de trabajo y de aprendizaje.

El éxito del coaching es la metodología que utiliza. No estamos acostumbramos, y lo más grave, rechazamos los métodos ambiguos. Partimos de la creencia de que todo hay que medirlo, paso a paso, con un enfoque científico puro, donde no cabe la intuición y mucho menos la emoción. Olvidamos que no sólo tenemos una inteligencia matemática, también tenemos una inteligencia emocional.

Desde mi punto de vista, estamos demasiado encorsetados en un concepto de aprendizaje estandarizado, y en un sistema de organización del trabajo acartonado.

Por Manuel López
consultor de recursos humanos y conferencista.